Vuelta a Inventos e invenciones 
 Arte contemporáneo

 

 




 

 

:: 13 de diciembre de 2008

Por mucho que se quieran empeñar algunos, una buena parte del arte contemporáneo no gusta, ni de coña, a una gran cantidad ciudadanos. Sí que es verdad que numerosas obras, muy reconocidas en la actualidad, en su tiempo sufrieron el rechazo de los coetáneos del artista, pero hay cuadros con cuarenta o cincuenta años de antigüedad que hoy en día siguen sin ser del agrado del populacho.

Cuando la gente va a los museos y ve esos cuadros, sin saber si están del derecho o del revés, o esas esculturas, hechas con un zapato viejo y media bola de billar, siempre pronuncia mentalmente la misma frase: ¡vaya puñetera mierda! Aunque, como es lógico, casi nadie se atreve a decirlo abiertamente para no ser tachado de ignorante y de poco sensible. Supongo que esa dictadura cultural debe ser el motivo por el que las exposiciones de arte contemporáneo están llenas de infumables bodrios que dan la impresión de que fueron creados en los diez minutos de descanso de una conferencia.


No me estoy refiriendo a cosas como éstas

Cuando he comentado esto a algunas personas me han dicho que estoy equivocado y que un lienzo de 50 x 50 centímetros pintado a brochazos puede ser arte del bueno. Yo siempre les respondo que arte sí que es, pero que es un arte parecido a tocar el piano con el culo.

Al margen de las mamarrachadas, los movimientos artísticos actuales cuentan con otras obras que tienen su gracia, pero no para estar en los museos, sino más bien para decorar una pared, para estampar una cortina o para ilustrar el cartel de la fiesta mayor de un pueblo. Ejemplo de ello son esos cuadros que no han sido pintados a brochazos, sino a pincelazos o que están hechos a base de cuadraditos, triangulitos y redondelitos, con muchos y divertidos colores.

Las mentes pensantes dicen que todos esos pintores (supongo que también vale para los escultores el razonamiento) pintan así porque tienen muy superados otros estilos del pasado. Sin embargo, me juego el cuello a que muchos de ellos no son capaces de copiar ni  una obra  de Velázquez ni una de Goya y tal vez ni siquiera una viñeta de un tebeo de Mortadelo y Filemón.

Vaya, me he quedado a gusto. Pero no quiero acabar esta reflexión sin mencionar que el arte actual, a pesar de todo lo dicho, también posee grandísimas obras y extraordinarios artistas. Espero que todos ellos tengan el reconocimiento que se merecen.


 
 

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